Manipulación, amenazas, chantajes, daño físico e incluso sexual; motivos de la violencia vicaria

  • En 10 años la violencia vicaria se incremento en casi el 400 por ciento en 10 años en el Estado de México
  • Los menores de edad son centralmente golpeados o abusados sexualmente por padre o padrastro.

Por Juan Ignacio Corro 

Toluca, Estado de México a 25 de marzo de 2025

La violencia vicaria es una de las violencias con más incidencia en hogares, particularmente en casos de divorcio, pérdida de patria potestad, restricción de régimen de custodia o algún impedimento de la guarda y custodia, pero aún no hay un diseño normativo que proteja a las mujeres. 

En el 2023, más de 20 mil 500 niñas, niños y adolescentes fueron atendidos en hospitales mexiquenses por violencia familiar, “centralmente golpeados o abusados sexualmente por padre o padrastro”, lo cual representa un incremento de casi el 400 por ciento en una década, por lo que la diputada Itzel Pérez Correa se pronunció por la absoluta pérdida de la patria potestad. 

Añadió que cuando se habla de infancias violentadas también se habla de vidas traumadas y se impide la posibilidad de que un infante se desarrolle de mejor manera, lastimando el núcleo familiar

Las y los hijos en esta situación son constantemente expuestos a manipulación, amenazas, chantajes, daño físico e incluso sexual, advirtió. 

La iniciativa de reforma busca garantizar el interés superior de niñas, niños y adolescentes, pues este principio es primordial en la toma de decisiones de todos los órganos jurisdiccionales.

Frente a ello, para proteger la dignidad e integridad física, psicológica y moral de menores de edad quienes son utilizados para causar daño a las madres definida como “violencia vicaria, el Congreso mexiquense plantea  incluir este tipo de conductas como causales para acabarse y suspenderse la patria potestad.

La parlamentaria explicó que la iniciativa a la reforma al Código Civil estatal establece que las y los hijos en esta situación son constantemente expuestos a manipulación, amenazas, chantajes, daño físico e incluso sexual, ya que usualmente el agresor se enfoca en la víctima indirecta, en este caso la mujer, y no así en quienes sufren la agresión. 

En cuanto a las secuelas, añadió que esta violencia incide en todas las áreas de la vida de las y los menores, limita su desarrollo emocional y los coloca en una situación de vulnerabilidad e indefensión. Además, detalló, su exposición continua a esta situación puede derivar en ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático y dificultades para desarrollarse de manera saludable con quienes les rodean.

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