- La Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa cuenta con 182 años de tradición e historia
- El esfuerzo de los tres niveles de gobierno y el trabajo de la población de los Ocho Barrios de Iztapalapa permitieron el reconocimiento
Juan Ignacio Corro
Ciudad de México, a 11 de diciembre de 2025
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, celebró el reconocimiento otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) a la representación de la Pasión de Cristo, en Iztapalapa, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
En evento realizado en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, la titular del Ejecutivo local destacó que esta tradición comunitaria, con 182 años de historia, es hoy un símbolo mundial de identidad, resistencia cultural y organización social.
Señaló que este logro pertenece a los Ocho Barrios de Iztapalapa y a miles de personas que año con año sostienen esta manifestación que ha trascendido generaciones y momentos históricos.

Brugada Molina recordó el largo camino institucional que hizo posible esta declaratoria, desde las primeras inscripciones locales en 2010 y 2012, hasta la gestión federal impulsada en 2019 y la inclusión en el inventario nacional en 2023.
Tras la declaratoria se inicia una nueva etapa enfocada en la salvaguarda obligatoria de la tradición, en la que el Gobierno de la Ciudad de México tendrá un papel fundamental.
El reconocimiento de la Unesco convierte a la representación de la Semana Santa en un tesoro cultural del mundo, pero sobre todo reafirma el orgullo y la identidad de Iztapalapa.
El presidente del Comité Organizador de la Semana Santa en Ixtapalapa A. C. (COSSIAC), Alfonso Reyes, afirmó que el reconocimiento de esta tradición cultural por la Unesco llevó un proceso de más de 20 años de trabajo continuo, por lo que se dijo orgulloso de este reconocimiento mundial.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, resaltó que con este reconocimiento se contribuye también en la salvaguarda de una práctica cultural viva que articula fe, memoria, trabajo comunitario, arte popular y organización social.
Más que una obligación como un expediente de la Unesco, es un deber del Estado mexicano con las comunidades que han mantenido vivo este patrimonio”, expresó la funcionaria.




